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Diario de Chimbote

SOÑANDO CON SAN PEDRO

Por: Christian Becerra S.





Bueno, las fiestas de Chimbote se portaron bien conmigo, tome las decisiones con mi padre, de salir rumbo al almuerzo de la Asociación cívica Chimbotana. Don Juan Ciudad, tomo el punto de partida para salir o mejor dicho, dio el primer disparo para empezar con la maratón bailable.

La mesa cargada de viejos lobos, locos y jinetes de caballo tenía necesidad de contar con dos botellones de vino Riojano para poder saciar la sed como el valor de Icor, el cual jalo gran cantidad de moscas camarones. La alegría lleno los ambientes del añorado almuerzo, las familias cargadas de trapos y alhajas estaban a la espera de sus respectivos platos:

Cuando llega el plato de Pepián de gallina, tomando cuchara en mano no me detuve hasta dar por terminado el agradable plato de San Pedrito.

Pues sentía los cólicos de un buena panza por tener algún bicho en el estomago.

Las ganas de salir a bailar se perdieron en la noche.

Camine sobre los hombros del pensamiento y en forma pareja de afrontar la perdida de la esperada fecha, San Pedrito me llevo de la mano por el Jr. del cansancio a entregar los ojos como si fuera Polifemo.

Quede en mis encantos de cantante, escuchaba las notas en un completo desorden musical. Rendido en mi mundo musical, solté el arpa e ingrese al misterioso mundo de la inconsciencia, no sabía cómo ingresar  o como empezar con el teatro de la subconsciencia, en esos momentos reconocía la estación del año por el gran calor que asediaba mi sedienta garganta, parecía que los dientes se me caían por probar un solo sorbo de agua, en esos momentos en la vida real y en el sueño sabia a lechuga e indigestión, cuando menos recordé caminaba sobre un camino empedrado como la famosa “calle del peligro” del pueblo norteño de San Pedro de Lloc.

En mi propio juicio real e inconsciente estaba presente San Pedro Santo de los Lloc tierra de mis antepasados. Relacionado estaba en mis mágicas escenas de haber escuchado en aquella mesa tupida de anís, llantén y hierba mala, termine en relación al comentario de un jinete en cuanto a la comida del caballo.

Seguí caminando por “la calle del peligro” cuando fui impactado por un enorme camión, seguramente cargador de pastos al que quede atrapado en sus desgastadas llantas, hubiera preferido caer bajo las llantas nuevas de cocada alta y morir como un gran guerrero al entregar tablas con bastante honor.

Desgraciado fue el momento de ver mi cuerpo atrapado en las empedradas “calles del peligro”.

Yo mismo trate de cargar mi propio cuero, suena difícil la expresión pero no podía solo, la gente llegaba de todos lados con sus desesperados gritos al verme tendido al pie del pesado camión.

No aceptaba la realidad de ser muerto más en la… ¿en la que?, ¿Cómo se podría decir? La gente se preguntaba… ¿Quién será?.

Yo, tratando de explicar, pero no me escuchaban, gritaba mi nombre y relacionaba a San Pedro mi Santo Patrón con relación a mis cuatro puntos cardinales de mis razones en la vida.

Afónico de tantos gritos escucho la voz grave de un señor, me di cuenta que eran para mí las palabras entonadas en un fuerte español, levante la voz contra el desconocido diciendo: no debo morir, tengo mucho que escribir.

El hombre dijo: Soy San Pedro el pescador, incrédulo estaba al querer tomar el pelo a San Pedro al decir: ¿Y tu llavero donde esta?, se quedo callado escuchando los disparates creados por mis arranques de lengua loca.

Opte por pedir una conversación un poco más discreta y caminamos un distancia prudente fuera de los gritos y marcaciones policiales. Nos sentamos a conversar en un viejo tronco de algarrobo, San Pedro me trato como si fuera un entrevistado solo miraba sus ojos y su cargada brava, no aceptaba la realidad de conversar con la piedra de nuestro Señor Jesucristo.

Levanto la voz y me dijo: ¿Este es San Pedro de Lloc?

Si, conteste, es un pueblo de músicos, profesores, poetas, escritores, pintores y lagartijeros que hoy festejan también tu día.

-         ¿Ah, sí? contesto el Santo y replico por segunda vez: Soy el Santo de los Pescadores

-         Así es, conteste como mi querido puerto de Chimbote.

-         Claro, aquí en San Pedro no hay malecón para observar las coquetas olas, pero tiene una acequia con lifes y algarrobos que son alimentos de cañanes.

-         No sabía cómo tratar a San Pedro hasta trate de invitar un buen ceviche con sus respectivas lagartijas.

-         Y me dijo que llevaba 2000 años sin probar nada de alimentos materiales me pregunto: ¿y qué pasó contigo?

-         No lo sé mi San Patrón, conteste.

-         ¿Seguro que te cayó mal la comida?, pregunto.

-         Rápidamente conteste: mire Ud. mi señor a tu nombre se hacen muchos desarreglos.

-         San Pedro contesto. ¿Cómo por ejemplo?

-         Quien soy yo para juzgar a mi pueblo mi querido San Pedro? replique.

-         Mira escuche tus gritos y llamo la atención el portero del cielo y baje hasta aquí ¿Cuáles son tus razones en la vida según tus cuatro puntos cardinales?

-         Está bien querido Santo amigo, en primer punto San Pedro de Lloc es tierra de mi madre, mujer que me pario a gritos de dolor, en segundo punto es la calle donde vivo desde que nací hasta el día de hoy, tercer punto es el Colegio de Chimbote donde curse mis años primorosos hasta mi promoción y último punto cardinal eres el Santo de mi pueblo Chimbote.

-         La conversación se pudo tan amena al dejar mi cuerpo tendido en las empedradas calles, en toda la conversación no tome vista de un viejo cartón de pergamino al que me dijo: ¿cuál es tu nombre?

-         Conteste, Christian Becerra, mi señor

-         Comenzó a revisar la relación del día y al no encontrar mi nombre me dijo: bueno hijo, hoy no te toca, como buen devoto de San Pedro seguirás con el hambre y a comer poco ya que estas muy Pesadito, aludió

-         Así es padre, cuando se escuchan los comentarios de los especialistas a que tenían reflejos de estar en la vida seguramente me transportaron a un lugar desconocido donde me quede traumado por el shok por los fuertes halógenos que alumbraron mis ajos, estando en la cama del tétrico hospital, me decía: todo fue un sueño la verdad que la vida es el sueño de Dios, entonces me imagine, haber soñado con San Pedro el Pescador, seguía con mis traumas y el cólico, lo mejor para mi fue haber tenido conversación con mi querido San Pedrito, se acaba toda esta escena de encanto y gusto al sentir las uñas de Mattias, mi hijo, al arañarme el pecho con su carita alegre al despertarme el día feliz de haber dormido con mi hijo y haber soñado con ¡San Pedro mi Santo Patrón!.

Redactado por : Por: Christian Becerra S.
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