¿EN QUE MOMENTO SE JODIO CHIMBOTE?
Innombrable, Cimarrón y Vicius conversan en el Chissita. Seco y volteado. De cómo Chimbote es una herida y nadie sabe cómo tratarla
por : Augusto Rubio Acosta
MAREA CULTURAL
http://mareacultural.blogspot.com/2007/12/en-qu-momento-se-jodi-chimbote.html
Quinta cerveza, bar Chissita, nueve de la noche en el corazón de la ciudad, y nadie sabe decir a ciencia cierta cuándo nació Chimbote, cuándo empezó a joderse (o ya habrá nacido jodido el puerto, nobody knows it) ni tampoco el puto origen del nombre de nuestro pequeño pandemonium que es también vocablo incierto en la voz de investigadores trasnochados, y muchas veces mentira, chamullo y quien sabe lisura enorme de connotaciones sexuales, cada vez que se intenta acercarse a ese misterio insondable en que consiste nuestra más prístina y amarga existencia como urbe. Chimbote, Chimbote, ¿en qué momento se habrá jodido?... El hecho es que estábamos ahí, en medio del ruido ensordecedor de las mesas pobladas por ese gentío bebedor y entrañable, cuando al Cimarrón se le ocurrió elucubrar respuestas a tamaña interrogante.
Para entender cuándo se jodió habría que remitirse primero a lo que significa “joder”, brother. “Joder” viene de copular, significa eso y etimológicamente proviene del latín. Eso Mario Vargas Llosa, en “Conversación en la catedral” (donde su personaje principal lanza la dichosa pregunta en qué momento se había jodido el Perú) lo ha sabido bien porque vivió en España años, y ahí el “joder” es lo mismo que “follar”. Así que si vamos a hablar de esta nota haciendo un paralelo a lo que señala Zabalita en la novela de Mario, creo yo que Vargas Llosa no se refiere a desgracia ni a ruina…
Habría que verlo en todo caso por el lado de que “joder” –es decir penetrar genitalmente- echa a perder la integridad de una mujer (de una ciudad o de un país). Quizá Mario se haya querido referir a esa vaina; es decir: si hablamos del momento en que se jodió Chimbote, es posible que nos estemos refiriendo al momento histórico en que nuestra ciudad fue violada, penetrada o al día en que simplemente perdió su integridad (si es que la tuvo)… Pero no, causa, la pregunta es tranca y de por sí jodida; siempre va a existir cierto doble sentido en todo esto mientras no entendamos cabalmente lo que significa joder. Por eso mejor hay que buscarle otras aristas al asunto; salud, brother.
La noche avanzaba. El Innombrable y Vicius se encargaron de las siguientes rondas. Seco y volteado. En el Chissita se hablaba de fútbol, del eterno sube y baja del Gálvez FBC, de la nueva dueña de la chacra (o sea de la comuna provincial), el desalojo de los cachineros de la avenida Buenos Aires, el concierto de Soda Stereo, la llegada de Yuyachkani a Chimbote dentro de unos días y hasta de cuánto cuesta comprarse a un ministro, presidente o a un triste consejero regional. Entonces, El Innombrable habló:
Preguntar cuándo se jodió Chimbote es masoquismo puro, mea culpa y hasta tortura, causa. Ni críticos ni hermeneutas, mucho menos historiadores, podrán absolver todo esto así se autoflagelen; además estoy seguro que la respuesta a esta pregunta podría convertirse en eterna preocupación de muchas generaciones y jamás llegaríamos a un consenso. Igual, brother, cada chimbotano tiene su propia versión, cada uno tiene una lectura diferente: los historiadores (o investigadores históricos, porque en Chimbote no hay aún historiadores) responderán desde el punto de vista histórico, los sociólogos lo harán analizando la acción social, las relaciones y los grupos que han surgido y surgen en la ciudad, y así todos... Los escritores, causa, deben mostrar lo que sucede, lo que vemos pero no de manera descriptiva sino trasmitiendo emociones, dejando que la gente sienta lo que sucede, ese es nuestro rol…
Chimbote es una herida, una herida que no ha dejado de sangrar, y lo que es peor, nadie sabe cómo tratar, como curar (si es que hay cura)…. Hay gente que les echa la culpa a los políticos de que nuestra ciudad se haya jodido, porque convirtieron la política en una profesión pro bolsillo y no en el genuino interés altruista de servir a la gente, al pueblo. Y no les falta razón. Por eso vemos tanto delincuente, tanto político (que es casi lo mismo), tanta gente con anticuchos, tanto tránsfuga, tanto otorongo; por eso tenemos el Congreso que tenemos, chochera… Ahora, para responder lo que nos preguntamos esta noche habría que hurgar también en nuestras propias vidas… Habla, Vicius, ¿tú que piensas, man?
A ver, para mí que el lugar donde vivimos se jodió el día que llegó Henry Meiggs a estas playas a hacer el gran negocio de su vida: el ferrocarril que terminó transportando miles de migrantes al puerto (con las consecuencias que aquello acarrea), la venta de vastas extensiones de terreno incluyendo el damero de sesenta manzanas (donde hoy se alza la ciudad) y tantos otros negocios oscuros (como los del guano de las islas) a los que estuvo acostumbrado el mafioso ese, que encima –y para tristeza nuestra- figura con nombre propio en la letra del himno de la ciudad, porque alguien que no sabe bien de historia lo puso y lo encumbró gratuita e ingenuamente…
Pero Chimbote también se jodió el día en que Banchero decidió instalar su primera fábrica de harina de pescado... Una vez que empezó a funcionar la “Florida”, una a una empezaron a aperturarse otras fábricas, empezó a llegar gente del ande, del extranjero, de todas partes, y se armó la ola migratoria, la contaminación ambiental y el pandemonium más grande que haya existido jamás en el Perú, porque nadie tenía casa, luz, agua, ni terreno donde plantar una estera, excepto los grandes industriales. Además, con Banchero se inicia la muerte de nuestro mar debido a la sobre explotación de especies; y con el boom económico y pesquero también llegan la corrupción social, los burdeles, bares, negocios turbios, el narcotráfico a través del mar y las taras del capitalismo. Todo un chongo, brother, un lupanar…
Pero esta tierra se jodió también cuando la gente de la sierra -que llegó por millares a esta playa durante décadas- perdió su identidad, se aculturó, y empezó a soñar con el milagro y el american life style, con el modo de vida más inadecuado para el país en que vivimos. Por eso Arguedas se suicidó, brother; ya no aguantó el hombre, tú que fueras; por eso también nos jodimos…
El otro día hablaba aquí en esta misma mesa con un tío que me decía que sólo los mediocres piensan que Chimbote está jodido. “Vamos a estar jodidos cuando todos pensemos que lo estamos, Cimarrón; ¿quién dice que Chimbote está jodido, quién?... Yo prefiero a mi ciudad así como es: con sus combis, sus ferias, sus comidas, su caldo e´ cabeza y su gente; con sus antros también, pues, que se va a hacer. Cuando tú conozcas gente de otro sitio o gente que se va de aquí te darás cuenta que no estamos jodidos sino que somos dejados, que tenemos medio abandonada a nuestra ciudad…”
Amigo, pero tampoco te vas a cegar, pues. El deterioro progresivo de la situación material de la ciudad ha determinado la creciente crisis moral de sus habitantes y principales dirigentes, generando los problemas ya citados y la deprimente convicción de un camino sin salida, de una sociedad sin soluciones…
No, si yo no sostengo lo que decía el viejo ese de la otra noche. Sólo dejo constancia de lo que dijo. Ahora, yo creo que nuestra literatura aún no ha tenido la voluntad de interpelar la realidad, retratándola en su conjunto; no ha hurgado en la conciencia de una sociedad extraordinariamente problemática, minada por desigualdades monstruosas, acechada por el gobierno y las oligarquías, degradada por la corrupción y azotada encima por el terrorismo político de quienes dicen gobernarnos a nivel regional y edil… Súbete a un micro, causa, a uno de esos San Antonio o José Olaya que todavía jalan y ruedan por la avenida Gálvez, y atraviesa del centro hasta el más extremo suburbio de la ciudad: esa será la mejor lección que nunca te dieron sobre Chimbote.
La noche se tornaba infinita. En algunas mesas se jugaba cachito y, en otras, jóvenes recién llegados pedían más volumen al propietario del local. Estábamos ya en la doceava botella, en el estéreo sonaba el disco de Bebo Valdés, Marisa Monte y Carlinhos Brown que habíamos llevado, se había acabado el partido de fútbol en los dos televisores, Alianza había dado la vuelta al marcador de un partido que parecía imposible, cuando de pronto de algún lugar de la noche surgieron otros personajes de las mesas contiguas que se sumaron a tan encendido debate. Pero esa es otra historia, una que convendría contarla con dos heladas y un cebiche de por medio (no hay otra forma de vivir similar albedrío alrededor de una conversa interesante), no hay otro modo de acercarnos a tan apasionada forma de ser portuarios.
Así, cuando el brazo en alto (vaso en mano) de la muchachada se apoderó de la noche en el Chissita, los personajes en esta historia olvidaron las formas, sus extraños apelativos y se hundieron en la más absoluta nostalgia observando emocionados -una tras otra- fotografías antiguas del lugar donde nacieron. Entonces, de pronto, todos se vieron manejando su primera bicicleta en la Plaza 28 de Julio, correteando el Malecón Grau cuando niños a pesar de su inmundicia. La mancha se vio jovencísima alrededor de las fotografías post sismo de 1970, escrutaron juntos el enorme pampón de la ex estación del ferrocarril y el barrio donde algún día vivimos…
Si, pues, les entró la depre, asumo; eso que llaman identidad, eso que dicen enerva cuando de defender este suelo se trata, como cuando alguien abusa y nos toca lo sagrado y entonces hay que dar la cara y enfrentarse al agresor. La noche de hoy seis de diciembre volveremos al mismo bar donde nació esta crónica, regresaremos los mismos personajes y quien sabe los que se sumaron a la mesa y quienes se sientan aludidos y tocados en la más prístina de las emociones. Habla, lector, ¿cómo es hoy día?, la gente dice que somos Chissita; seguiremos discutiendo sobre el día en que se jodió Chimbote. Habla, brother, ¿vas?...













